Bufones

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Vean ustedes, querido pueblo español, como hay más dignidad en un pobre bufón tullido de la corte velazqueña que en dos tecnócratas repulidos de la corte de Juan Carlos I.
Vean la dignidad del bufón don Sebastián de Morra, que fue servidor en Flandes del cardenal infante don Fernando. Al regresar a España en 1643 entró al servicio del príncipe Baltasar Carlos, muriendo en octubre de 1649. Ojos profundos, nobles, mirada firme y directa la que pintó Velázquez para retratar la dignidad humana que sostiene a los seres maltratados por la vida. El bufón no era un petimetre, un cualquiera, un don nadie. Sebastián de Morra, uno de los parias de la tierra mira al mundo para siempre y sin nada que ocultar tras haber sido ocio de reyes y babayos. Lleva muerto más de cuatro siglos, pero a uno le gustaría haber podido charlar un rato con él.

Y frente a la grave humanidad del bufón profesional, la pareja de bufones involuntarios que forman
Joerg Asmussen, consejero del BCE y Luis de Guindos, ministro en la corte española. Me quedo con Sebastián de Morra.

Cojones

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Echarle huevos, retar a la muerte, jugarse el tipo ante los cuernos del destino. Épica, mucha épica, es lo que parece sugerir hoy la surrealista portada de “La Gaceta de los negocios” que, en medio de una crisis institucional de cojones, lleva a su primera página las viejas gónadas del torero Ostos, bizarro embajador de la caspa hispana. La ultraderecha siempre consideró los huevos como el último bastión del honor, la valentía y la españolidad, y a los toreros como el epítome de estas virtudes. Así que ¿qué mejor mensaje para apuntalar a nuestro agobiado Mariano Rajoy que la imagen del viejo torero agarrándose el flácido paquete y mostrando el costurón de una vieja cornada? No hay mejor editorial, no hay mensaje más contundente que este para que Mariano no se raje. Más cornadas dan los toros y si hay que acabar con los huevos en la mano, que sea en la portada de la La Gaceta de los Cojones.